Pbro.Lic. Ramón Luis Crespo Lobato
e-mail:ramoncrespo1966@hotmail.com;ramonluis1966@gmail.com
web site:elrincondelcura.blogspot.com
El momento presente incluye algunas cosas sobre las cuales tenemos control, pero también conlleva dificultades que no podemos evitar: cosas como un fracaso comercial, un resfrío, la lluvia en los días que queremos salir, una visita indeseada, etc. No siempre sabemos por qué suceden tales cosas, pues nuestras mentes son demasiado débiles para captar el plan divino. Nos parecemos un poco a un ratón en un piano, que no puede comprender por qué tiene que ser molestado por alguien que toca Chapín y lo fuerza a salirse de las cuerdas.
A veces solemos tener muchas preguntas que hacerle a Dios y a la vida por lo que nos sucede, pero Dios también tiene muchas cosas que preguntarnos y, al final, nos damos cuenta que las preguntas de Dios son más importantes que las nuestras: “los caminos de Dios no son nuestros caminos” y la sabiduría divina puede sacar lo bueno de lo malo; la mente humana debe desarrollar la aceptación del presente, sin importar lo duro que pueda ser para nosotros comprender su carga de dolor.
Hay que darle a Dios un voto de confianza en el fluir de la vida y no tirar la toalla en el primer acto del teatro vital; hay que esperar hasta el final para ver; el último acto es el que corona la obra. Las cosas que nos suceden no siempre son susceptibles de que nuestra mente las comprenda o nuestra voluntad las conquiste; pero siempre está dentro de la capacidad de nuestra fe el aceptar y de nuestra voluntad el someternos.
Cada momento nos acerca más tesoros de los que podemos juntar. El gran valor del presente, visto espiritualmente, está en que lleva un mensaje que Dios nos ha dirigido personalmente. La Universidad del momento ha sido construida únicamente para cada uno de nosotros y, en comparación con la revelación que Dios hace en ella a cada uno, todos los otros métodos de aprendizaje son superficiales y lentos. Esta sabiduría es destilada de la experiencia íntima, nunca se olvida; se vuelve parte de nuestro carácter, nuestro mérito, nuestra eternidad. Aquellos que santifican el momento y lo ofrecen uniéndolo a la voluntad de Dios, nunca se frustran, nunca rezongan ni se quejan. Superan todos los obstáculos transformándolos en ocasiones de oración y canales de mérito. El pagano moderno, el que no es piadoso, es víctima de las circunstancias, y no su amo. Ese individuo, al no tener conocimiento práctico de Dios, no confía en su providencia, no tiene seguridad de su amor, carece del “paragolpes” de la fe, la esperanza y el amor en los momentos difíciles. La mente de tal persona queda atrapada dentro de las pinzas del pasado del que se arrepiente, o por el que se resiente, y de un futuro que teme no poder controlar. Así oprimido su naturaleza está en dolor.
El presente ha de ser gozado de a poco, sin apresurarlo, sin espavientos. La característica del goce temporal es que debe ser gozado en forma sucesiva. Algunos empiezan donde otros terminan. Cuando aparece algo nuevo, algo que teníamos antes se pierde. No podemos tener la madura sabiduría y la serenidad reflexiva de la madurez junto con la impetuosidad y el carácter temerario de la juventud. Todos son buenos; ninguno puede ser disfrutado si no es el momento apropiado de la vida. Lo que es verdad individualmente es verdad socialmente. Cuanto podamos ganar por lo que llamamos el progreso de la civilización, implicará ceder algo.
Paz Y Bien
martes 5 de mayo de 2009
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