lunes 16 de junio de 2008
No Somos Originales
El título del rincón de hoy es una reflexión filosófica sobre la vida que surgió a partir de la lectura de unos de los libros de J. Krishnamurti, escritor nacido en el sur de la India y educado en Inglaterra. Leíamos uno de sus libros, sobre la libertad, y de su lectura lo único que ejerció un poder hipnótico fue donde Krishnamurti afirma: “Somos gente de segunda mano”. Eso bastó para centrar toda la atención de la lectura. A veces sucede que uno está leyendo un libro y de repente se encuentras con que una frase brilla ante los ojos como un relámpago inesperado, y que ilumina sobre un plano de la existencia; es decir, nos hace pensar. O a veces sucede que se tiene un pensamiento que ha estado dando vueltas en la cabeza, buscando expresión y concreción, y se encarna por fin al encontrar palabra y acento en el lenguaje exacto. También puede ser que la mente esté desprevenida, olvidada o incluso a la defensiva, cuando de pronto una frase le revela todo un mundo de aventura colosal; pues todo esto pasó a raíz de esa frase de Krishnamurti: “Somos Gente De Segunda Mano”. ¡Si!, allí estaba la frase desafiante y punzante, ante la cual el ser queda totalmente desnudo y sin defensa: “Nos han descubierto” y, lo que es peor, nos hemos descubierto al fin colocándonos en crisis existencial: “no soy original, no soy nuevo, no soy de paquete, no soy yo”. A mucha gente no le gustan los objetos de segunda mano que han sido usados por otros; la sociedad hoy en día satisface nuestro ego material dándonos la primicia, lo sin estrenar, la última moda, de tal manera que buscamos ser los primeros en estrenar ese producto, sea cual sea. Y ahora nos encontramos con que no es así del todo; no se trata ya de que poseo objetos y cosas prestadas, sino que también mi vida es prestada, así como mis ideas y principios son prestados. Lo que creíamos que era nuestro en exclusividad ahora resulta ser tan sólo herencia vulgar y común. Yo no soy yo. Hay poco de mí en mí mismo. Soy de segunda mano. Lo que yo llamo mis ideas no lo son, sino que todas han sido antes de otros. Yo no las he pensado ni discurrido por mi mismo, sino que otros lo han hecho por mi. Acuñando una frase de Mark Twain, soy “soy un manojo de prejuicios”. Soy un paquete de conceptos prefabricados. Hasta mis reacciones de ahora son el resultado de una larga programación sistemática; lo único que hago es repetir cosas e ideas, nada más. Y surge una pregunta que atenaza y punza fuerte, ¿cómo he permitido que mi vida me sea dada y que yo no la haya vivido por mi mismo? ¿Cómo puedo permitir que mi vida se convierta en un discurso que otros escriben?. Es cierto que nadie puede desarrollarse sin estar influenciado, nadie puede desarrollarse por sí mismo. El Emilio de Rousseau sigue siendo algo irrealizable, una utopía ya que los seres humanos no podemos prescindir de influencias externas. Todos tenemos que aprender algo que nos viene dado; toda vida se inicia a partir de leyes y costumbres dadas; la vida descansa en la sabiduría de los siglos. El peligro se presenta cuando nos quedamos atascados en eso que hemos aprendido y no somos capaces de ir más allá. Una vida que nos es creativa a parir de lo dado, es de segunda mano; y la creatividad implica riesgo, y el riesgo nos lanza a lo desconocido, a lo no hecho, a lo imprevisible. Eso es lo que ase de la vida algo original. Cuando tu inventas, investigas, buscas e indagas. Decía el viejo Simón Rodríguez una frase explosiva: “O erramos o inventamos”. Las dos cosas son válidas para una vida que lucha por salir de la mediocridad, que busca ser original; adelante siempre, pero creando, inventado y comenzando siempre. PAZ Y BIEN.
La Verdadera Maldición De Carora
Comenzaré diciendo que el título de éste artículo no tiene nada que ver con la ya tradicional historia de la maldición del fraile, conocida por todo caroreño; lejos de ello la presente reflexión. Voy a referirme más bien a una que se ha ido acentuando más de la cuenta; y digo acentuando, porque existe en todos los pueblos pequeños (“pueblo pequeño, infierno grande”) y yo creía que como parte de la tradición popular sana, de una forma de ser jocosa y picaresca; pero aquí en Carora ya se ha convertido en una cultura, en una forma de ser, en un comportamiento normal y corriente; me refiero a la cultura de la crítica, del chisme mal sano, de la destrucción de otras personas. Decía Johann Wolfgang Goethe que contra la crítica no podemos protegernos ni defendernos, hay que actuar pese a ella, y así irá cediendo terreno poco a poco. El ser humano está expuesto a la crítica y al chisme ya que todos somos públicos y nuestra vida está puesta allí sobre la palestra de la vida para ser vista. Pero si está expuesta no es para destruirla sino para construirla, para ayudarla a ser mejor y corregir los errores, no para ser pasatiempo de mesa o matatiempo de angustias individuales. Una verdadera crítica se hace en justicia porque, como decía el político y novelista ingles Disraeli, “es mucho más fácil criticar que hacer justicia”; pero veamos qué se esconde detrás de una boca criticona. En primer lugar una lengua enferma y sucia, al respecto la Biblia nos dice: “La lengua es también fuego, es un mundo de iniquidad; la lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y, encendida por la gehenna(infierno, lugar de castigo eterno), prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos….Toda fiera puede ser domada, en cambio ningún hombre ha podido domar su lengua; es un mal turbulento; está llena de veneno mortífero. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y maldición”. (Santiago 3, 6-10). Fuerte éste pasaje, ¡verdad!!. y es que mis queridos lectores, muchos hoy están cavando su tumba sin darse cuenta; incluso gente que se cree muy religiosa e intachable, hace todo lo contrario a lo que dice la palabra de Dios, entonces le cae esto: “Si alguno se cree religioso, pero no pone freno a su lengua, sino que engaña a su propio corazón, su religión es vana” (Santiago 1, 26). En segundo lugar un alma frustrada y angustiada, y al respecto nos dice el escritor Ralf Waldo Emerson: “Quien critica es porque sufre con sus propias miserias, no las soporta y las proyecta sobre los otros…” Qué bello mensaje éste y nos hace pensar que cada vez que abrimos nuestra boca para hablar mal de alguien lo único que hacemos es revelar algo en nosotros que es peor de lo que criticamos en el otro; o quizás, por qué no decirlo, algo que envidiamos en el otro y que quisiéramos hacer (impulsos reprimidos). En tercer lugar, la boca criticona revela soberbia y prepotencia ya que una crítica, al fin y al cabo, no es más que un juicio, una valoración que tu haces de una situación y de una persona; tomas las riendas tu para juzgar a alguien y emitir tu opinión y, si tienes oportunidad, la añades algo de tu propia cosecha para aumentar el discurso criticón. Sólo Dios puede juzgar y criticarnos a nosotros los seres humanos y qué pasaría si tu le quitas a Dios ésta potestad que sólo es de él; mira lo que dice la Biblia: “Mía es la venganza, mío es el juicio; yo daré el pago merecido…”(Rom. 12, 19). No hace falta más castigo de Dios para aquel que ha sido fuertemente criticado y destruido; ya otros se encargaron de sentarlo en el banquillo y juzgarlo; dice Dios, para qué más infierno para esa pobre alma, ahora yo examinaré las vidas y las almas de los que usurparon mi puesto y juzgaron en mi lugar; ¡imagina qué hará Dios con la boca criticona!. Y por último, la crítica en su gran mayoría es más destructiva que constructiva; te metes en la vida del otro, lo investigas, lo indagas, lo escudriñas, y con eso qué le aportas a esa persona: ¡NADA!!!. Entonces eres un tonto de capirote que esta fastidiando la existencia de seres humanos. Hoy donde todos hemos criticado la ley GESTAPO como algo violatorio de los derechos humanos, ¿no cabría decir lo mismo para el criticón?; el criticón ya tiene su propia ley sapo, y también su castigo. PAZ Y BIEN
Despierta Papá, Despierta Mamá (Parte 2)
Y qué decimos del hogar, donde para evitar conflictos y discusiones, como ya no funciona aquel estribillo de: Jorgito a la una, Jorgito a las 2, Jorgito a las dos y cuarto como si fuéramos reloj. O el clásico "voy a contar hasta diez“ va una, van dos... Nos convertimos en el cómplice de nuestros hijos.
Eso sí, con la boca callada para no caerles gordos con tanta habladera y no les permitimos a nuestros niños que se desgasten ni siquiera recogiendo sus propios tiraderos. Total para qué (pensamos), ellos por qué, si no tienen culpa alguna de mis problemas, ellos no pidieron nacer. En aquellos tiempos no te sobreprotegían, ni te solucionaban los problemas, tenías libertad hasta para cometer errores, lo cual te llevó a desarrollar un sentido de responsabilidad y de identidad. Eso se llama CRECER. Dentro de este proceso de crecimiento no estaban exentos un coscorrón, un cinturonazo o una que otra nalgada bien puesta, mismas que a nadie le ocasionó ningún trauma, por tratar de que obedecieras. En aquellos tiempos la voz de tu padre se escuchaba con respeto, las órdenes de mamá se acataban sin protestar y los consejos de ellos no eran catalogados como cantaletas, rollos o monsergas.
Ni le decías a tu papá "ya cállate“ o el famoso “si, hombre, si” . En aquellos tiempos los padres ponían los límites, las reglas y las condiciones y no tenían miedo de que el hijo o la hija les dijeran: es que aquí no me comprenden, la onda es diferente, no me dejan ser, tu no te metas, tu de que hablas, tu eres peor, o el típico "me voy de la casa“
¿Pues adonde te ibas a ir que te trataran mejor que en tu casa? En aquellos tiempos los padres no tenían miedo de llamarte la atención y "que te enojaras". Total que tenías dos costos enojarte y volverte a contentar. En aquellos tiempos si no querías comer, te quedabas con hambre, no te daban dinero para comprar porquerías en la tienda. Además para qué, si mamá se levantaba temprano a prepararte el desayuno o tu lunch. En aquellos tiempos tus padres no justificaban tus malas calificaciones, ni tu mal comportamiento en la escuela, ni la falta de respeto a los maestros, ni tu falta de colaboración y apoyo en tu casa. En aquellos tiempos el padre decía no. Y no, quería decir NO. En aquellos tiempos la figura paterna y materna era muy diferente a la actual, en aquellos tiempos el amor, el respeto y la consideración no daban cabida a los actuales calificativos: Mi papá y mi mamá están locos, ya están chochos, es un egoísta, está neurótico, es un frustrado, y quien sabe cuántos calificativos más. Mismos que me causan una gran pena, no sé si por quien los emite o por quien los recibe. ¿Que vamos a hacer con los hijos de hoy?: Egoístas, aprovechados, dependientes, irresponsables, irrespetuosos, groseros, estafadores económicos y emocionales. Si no les das dinero, inventan y te lo sacan o si pueden te lo roban, o de plano se enojan. Si no les das permiso de salir, se enojan o les vale un verdadero sorbete y se salen. Si los reprendes te responden y no te escuchan. Si tratas de buscarlos, te apagan el celular. Si sacan malas calificaciones, no les importa, total su papá es el que paga. Enséñales a ganar su propio dinero con honestidad, para que sepan lo que cuesta administrarlo y disfrutarlo. Enséñales a valorar la oportunidad del estudio, no todas las personas tienen el privilegio de prepararse, tener una profesión y formar un plan de vida equilibrado. Enséñales a respetar a sus semejantes para que cuando
tengan su pareja la sepan cultivar y procurar. La igualdad entre hombres y mujeres no es faltarse al respeto, ni tener jerarquías ventajosas. Enséñales a formar su escala de valores que los harán seres humanos de bien, útiles a su familia y a la sociedad. Hazles conciencia que los valores no han pasado de moda ni son piezas de museo. Enséñales a quererse a sí mismos para que cuando tengan sus hijos, los amen y eduquen. Para que tengan credibilidad en la relación de pareja. Piensa… ¿Qué vas a querer a cambio de un abrazo?. DESPIERTA PAPÁ ,DESPIERTA MAMÁ. Vamos a ponernos las pilas, hagamos de nuestra escala de valores un estandarte, para que nuestros hijos aprenden lo que es el respeto, el compromiso, la honestidad, la humildad, la cortesía, la prudencia, la generosidad, el agradecimiento; y la nobleza de corazón…Los hará unos seres humanos de excelencia. DESPUES DE TODO NO ES TAN DIFICIL PRUEBA Y VERAS. DIOS TE BENDIGA. PAZ Y BIEN
Eso sí, con la boca callada para no caerles gordos con tanta habladera y no les permitimos a nuestros niños que se desgasten ni siquiera recogiendo sus propios tiraderos. Total para qué (pensamos), ellos por qué, si no tienen culpa alguna de mis problemas, ellos no pidieron nacer. En aquellos tiempos no te sobreprotegían, ni te solucionaban los problemas, tenías libertad hasta para cometer errores, lo cual te llevó a desarrollar un sentido de responsabilidad y de identidad. Eso se llama CRECER. Dentro de este proceso de crecimiento no estaban exentos un coscorrón, un cinturonazo o una que otra nalgada bien puesta, mismas que a nadie le ocasionó ningún trauma, por tratar de que obedecieras. En aquellos tiempos la voz de tu padre se escuchaba con respeto, las órdenes de mamá se acataban sin protestar y los consejos de ellos no eran catalogados como cantaletas, rollos o monsergas.
Ni le decías a tu papá "ya cállate“ o el famoso “si, hombre, si” . En aquellos tiempos los padres ponían los límites, las reglas y las condiciones y no tenían miedo de que el hijo o la hija les dijeran: es que aquí no me comprenden, la onda es diferente, no me dejan ser, tu no te metas, tu de que hablas, tu eres peor, o el típico "me voy de la casa“
¿Pues adonde te ibas a ir que te trataran mejor que en tu casa? En aquellos tiempos los padres no tenían miedo de llamarte la atención y "que te enojaras". Total que tenías dos costos enojarte y volverte a contentar. En aquellos tiempos si no querías comer, te quedabas con hambre, no te daban dinero para comprar porquerías en la tienda. Además para qué, si mamá se levantaba temprano a prepararte el desayuno o tu lunch. En aquellos tiempos tus padres no justificaban tus malas calificaciones, ni tu mal comportamiento en la escuela, ni la falta de respeto a los maestros, ni tu falta de colaboración y apoyo en tu casa. En aquellos tiempos el padre decía no. Y no, quería decir NO. En aquellos tiempos la figura paterna y materna era muy diferente a la actual, en aquellos tiempos el amor, el respeto y la consideración no daban cabida a los actuales calificativos: Mi papá y mi mamá están locos, ya están chochos, es un egoísta, está neurótico, es un frustrado, y quien sabe cuántos calificativos más. Mismos que me causan una gran pena, no sé si por quien los emite o por quien los recibe. ¿Que vamos a hacer con los hijos de hoy?: Egoístas, aprovechados, dependientes, irresponsables, irrespetuosos, groseros, estafadores económicos y emocionales. Si no les das dinero, inventan y te lo sacan o si pueden te lo roban, o de plano se enojan. Si no les das permiso de salir, se enojan o les vale un verdadero sorbete y se salen. Si los reprendes te responden y no te escuchan. Si tratas de buscarlos, te apagan el celular. Si sacan malas calificaciones, no les importa, total su papá es el que paga. Enséñales a ganar su propio dinero con honestidad, para que sepan lo que cuesta administrarlo y disfrutarlo. Enséñales a valorar la oportunidad del estudio, no todas las personas tienen el privilegio de prepararse, tener una profesión y formar un plan de vida equilibrado. Enséñales a respetar a sus semejantes para que cuando
tengan su pareja la sepan cultivar y procurar. La igualdad entre hombres y mujeres no es faltarse al respeto, ni tener jerarquías ventajosas. Enséñales a formar su escala de valores que los harán seres humanos de bien, útiles a su familia y a la sociedad. Hazles conciencia que los valores no han pasado de moda ni son piezas de museo. Enséñales a quererse a sí mismos para que cuando tengan sus hijos, los amen y eduquen. Para que tengan credibilidad en la relación de pareja. Piensa… ¿Qué vas a querer a cambio de un abrazo?. DESPIERTA PAPÁ ,DESPIERTA MAMÁ. Vamos a ponernos las pilas, hagamos de nuestra escala de valores un estandarte, para que nuestros hijos aprenden lo que es el respeto, el compromiso, la honestidad, la humildad, la cortesía, la prudencia, la generosidad, el agradecimiento; y la nobleza de corazón…Los hará unos seres humanos de excelencia. DESPUES DE TODO NO ES TAN DIFICIL PRUEBA Y VERAS. DIOS TE BENDIGA. PAZ Y BIEN
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
